Guia de los Perplejos (Maimonides)(Capitulo 2)

C A P Í T U L O II

POR QUÉ AL COMER EL FRUTO PROHIBIDO, ADAM APRENDIÓ A DISTINGUIR EL BIEN Y EL MAL

Un hombre ilustrado, me formuló hace algunos años una pregunta de grandísima importancia, cuya respuesta, tal como yo la resuelvo, merece ser meditada con el mayor detenimiento. “A primera vista, parece deducirse de la Escritura, que el hombre no fuera originalmente ni más, ni menos perfecto que el resto de los animales de la creación, los cuales no están dotados de entendimiento, razón o facultad que distinga lo bueno de lo malo; pero que la desobediencia de Adam al mandamiento de Dios, le proporcionó aquella perfección que es la propia del hombre, la más noble de todas las facultades de nuestra naturaleza, la característica esencial del género humano. Y así, parece extraña cosa que el castigo de la rebeldía viniera a ser el medio para elevar al hombre al pináculo de una perfección que anteriormente no había alcanzado”.

Reparad ahora en nuestra respuesta, que es como sigue: Se me antoja que has estudiado superficialmente el asunto, y, no obstante, imaginas ser capaz de comprender un libro que ha sido guía de pasadas y presentes generaciones, sin más que alejarte un momento de tus apetitos y deseos, para echar una mirada al contenido de ese libro, como si fueras a leer una historia o alguna composición poética. Recoge tus pensamientos y medita cuidadosamente, porque no es cosa que se comprende de buenas a primeras, sino después de adecuada meditación. Has de saber que la Inteligencia, que le fue otorgada al hombre como el más alto de sus dones, le había sido concedida antes de su desobediencia.

Con respecto a lo cual, la Biblia declara que “el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios”. Merced a este don de la Inteligencia, Dios se dirigió a él, y le dio sus mandamientos, según se dice: “Y el Señor Dios mandó a Adam” (GEN. II, 16); porque no se dieron mandamientos a la creación de las animales o a los seres que carecen de entendimiento. Merced a la Inteligencia distingue el hombre lo verdadero de la falso. Esta facultad la poseía Adam cabal y perfecta.

Lo justo y lo injusto son términos que se emplean en la ciencia de las verdades morales o probables, no en la de las verdades necesarias, por lo que no sería correcto decir, con referencia a la proposición “los cielos son esféricos”, que es “buena”, ni declarar que la afirmación “la tierra es plana”, es mala; sino que decimos que la una es verdadera y la otra falsa. La lengua hebrea expresa las ideas de verdadero y falso con los términos EMET y CHEKER, y lo moralmente justo e injusto, por TOB y RA. Así pues, la función de la Inteligencia es distinguir lo verdadero de lo falso, distingo que es aplicable a todos los objetos perceptibles intelectualmente.

Cuando Adam vivía aún en estado de inocencia, guiado solamente por la reflexión y la razón, no era capaz de comprender los principios de las verdades probables o de carácter moral. Empero, luego de su desobediencia, cuando empezó a ceder ante los deseos que nacían de su imaginación, y a satisfacer sus apetitos corporales, según aquello que se dice: “y su esposa vio que el árbol era bueno para comer y agradable a los ojos” (GEN. III, 6), fue castigado con la pérdida de una parte de la facultad intelectiva que anteriormente había gozado. Y de aquí que leamos: “Y seréis como los ELOHIM, conocedores del bien y del mal”. Y no dice “conocedores o discernidores de lo verdadero y lo falso”. Porque cuando se trata de verdades de carácter necesario, sólo son aplicables las palabras de verdadero y falso, y no las de bueno y malo.

Reparad, además, en aquel pasaje: “Y los ojos de ambos fueron abiertos, y conocieron que estaban desnudos” (GEN. III, 7). Y no se dice: “Y los ojos de ambos fueron abiertos, y vieron”; porque lo que el hombre había visto antes, y lo que veía después de esta circunstancia, era exactamente lo mismo. No es que le quitaran la ceguera, sino que recibió una nueva facultad merced a la cual descubrió que podían ser injustos o malas, cosas que antes no había considerado como tales.

De acuerdo con esto interpretación, nuestro texto indica que Adam, fue desterrado del Paraíso, cuando hubo maleado su intención y encaminado sus pensamientos a la adquisición de lo que le estaba vedado; Tal fue su castigo. Antes, gozaba el privilegio de gustar el placer y la felicidad, y disfrutaba de seguridad y reposo; pero cuando crecieron sus apetitos y se fue tras sus deseos e impulsos, y participó de lo que le estaba prohibido gustar, le privaron de todas las cosos, fue condenado a vivir de toda clase de alimentos viles, que no había probado primero, y aun éstos adquiridos por el esfuerzo, la fatiga y el trabajo, conforme se dice: “Espinas y zarzas crecerán para ti” (GEN. III, 18), “Comerás el pan con el sudor de tu frente”, etc.
Alabado sea el Todopoderoso, cuyos designios y sabiduría son inescrutables.

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