Parasha Nitzavim-Vaielej (Comentarios)

“Y regresarán a Hashem, Tu D­os” (30:2)

Negro. Oscuridad total. De pronto un rayo de luz de una vela atravieza la sombra y la socuridad se disuelve. Es como si la oscuridad nunca hubiera estado. Desapareció, se desvaneció. Nada rige ahora mas que la luz, y la oscuridad queda en la memoria como un mal sueño vagamente recordado.

Este es camino de la Teshuvá

Cuando regresamos a Hashem, somos como una creación nueva, y todo nuestro pasado no es mas que la vaga memoria de un mal sueño en la iluminación de nuestro retorno…

(Basado en Baal Shem Tov en Deguel Majané Efraim visto en Iturei Torá)

“Reúne a la congregación, los hombres, las mujeres y los niños.. de modo que ellos escuchen y aprendan…” (31:12)

Cada siete años, el Rey lee la Torá en presencia de la nación entera. Esta es la mitzvah de Hakhel. Aunque los niños no entendían los que les era leído, los padres recibían recompensa por traerlos.

Esto nos revela un principio importante en la educación de los niños. Aunque ellos hagan ruido y sean una distracción para sus mayores, la experiencia para ellos es irremplazable; pues ellos sienten, a través de ósmosis, la importancia de la Torá. Aunque ellos no puedan entender ni una palabra, han libado una lección vital: que la Torá es la sangre viva del Pueblo Judío.

Rabbi Yaakov Kamenetzky zt´l una vez visitó un jardín de niños de una escuela de Torá. Al notar que todas las mezuzot en las puertas estaban puestas en el tercio inferior del dintel de las puertas, destacó: “Es una hermosa idea poner la mezuzá en un lugar en que los niños puedan fñacilmente alcanzarlas y besarlas, pero por favor pónganlas en el lugar que corresponden, en el tercio superior del dintel, y que los niños usen un taburete para alcanzar la mezuzá. De lo contrario crecerán pensando que pueden poner la mezuzá donde quieran. Uno no educa niños con falsedades.”

Esta historia sirve como parábola para toda nuestra relación con la Torá. Debemos subir a la Torá, no bajar la Torá a nuestro nivel. Donde sea que se haya intentado

hacer el judaísmo “más fácil” el resultado es que la gente viene a despreciar y rechazarla por completo.

Puede ser que no seamos más que niós espirituales, pero nunca creceremos hasta la madurez a menos que alcancemos esa ‘mezuzá‘. Y entonces, quizás, algún dia, podremos alcanzarlas nosotros mismos, sin la ayuda de taburetes. Pero si aprendemos que no tenemos que hacer ningún esfuerzo para elevarnos hacia la Torá, cometeremos el error de pensar que estamos a la altura de la Torá -que no necesitamos hacer ningún esfuerzo para cambiar nosotros mismos positivamente y mejorarnos. Por ende quitaremos la base de la Torá y no tendremos motivo para crecer. Nos sentaremos como pigmeos contentos consigo mismos, convencidos que ya somos gigantes espirituales.

(Basado en una historia reportada por Rabbi Nisson Wolpin en el ‘Jewish Observer’ visto en ‘Growth Through Tora’ de Rabbi Zelig Pliskin)

“Pues la cosa es muy cercana a tí; en tu bocay en tu corazón para hacerla.” (30:15)

Sentimiento. Habla. Acción.

Este es el orden de las cosas. Primero viene el sentimiento -el corazón- que luego es cristalizado en modo de habla -la boca. Entonces el habla se concretiza más, vistiendo las ropas físicas de la acción física -hacer. Esta es la secuencia normal de los eventos.

¿Por qué la Torá altera aquí el orden natural de las cosas? ¿Por qué la boca –el habla– precede al corazón –el sentimiento– y solo entonces viene a hacerlo –la acción-?

Hay momentos en que no podemos apoyarnos en nuestros sentimientos naturales para que nos lleven a hacer el servicio a Hashem de la manera correcta. Momentos en que el corazón no necesariamente habla elocuentemente, cuando los sentimientos se entumecen y estamos distantes de nosotros mismos y de nuestro Creador. Momentos en que podemos estar confusos y carecemos de la voluntad de transformar un ligero sentimiento en habla, o mucho menos el habla en acción.

Es en esos momentos que debemos usar nuestras bocas para abrir nuestros corazones, para llamar a Aquel que siempre escucha. A Aquel que abre todos los corazones. Solo entonces seremos capaces de transformar la meditación del corazón en el servicio activo al Amo del Mundo.

(Basado en una idea escuchada de Rabbi Mordejai Perlman)

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