Parasha Balak (Comentarios)

“…El Pueblo comnezó a cometer indescencias con las hijas de Moav.” (25:1)

En la época en la que vivimos, reina un modelo de libertad sin restricciones: la libertad de los complejos. La libertad de la culpa. Constantemente, los medios de comunicación nos invitan a “sacar los trapitos al sol”. Prácticamente no hay nada de lo que debamos

avergonzarnos. La homosexualidad no es más que una simple cuestión de elección personal. Las relaciones físicas extramatrimoniales son la norma. Se nos asegura que la desnudez no es en absoluto causa de bochorno. El cuerpo es algo natural y por lo tanto, sus procesos no deben ser objeto de vergüenza. Para nada.

Sin embargo, sigue habiendo un vestigio de recato en la vida moderna: todavía no se llegó al punto en el que todas las funciones corporales se realicen en forma pública. No obstante, según la moralidad vigente, en realidad no existen motivos para que así sea.

Se nos ocurre pensar que el “sacar los trapitos al sol” es un fenómeno contemporáneo. Sin embargo, existe una sorprendente similitud entre nuestros días y hechos que ocurrieron hace tres mil años. Después de que el pueblo judío saliera de Egipto, Balak, que era el rey de Moab en ese entonces, le envió un mensaje a Bilaam, el profeta de las naciones, para que éste maldijera al pueblo judío. Bilaam no logro maldecirlos, pero sí logró que el pueblo judío cayera por otros medios: su consejo fue que las mujeres moabitas sedujeran a los hombres judíos para que realizaran actos inmorales. La misión del pueblo judío es ser una nación sagrada, y Bilaam sabía que semejante libertinaje provocaría la ira Divina.

Sin embargo, las mujeres moabitas exigieron un pago por sus servicios: se negaron a acercarse a los judíos a menos que éstos primero adoraran a su ídolo, el baal peor.

¿Cuál era la forma de adoración del baal peor?

El devoto del baal peor comía lentejas con cerveza y luego realizaba sus funciones corporales enfrente del ídolo. En efecto, cuanto más abusaba al ídolo, más devoto se lo consideraba.

¿Cómo es posible que los judíos se hayan dejado arrastrar por algo tan abominable?

La esencia del culto del baal peor era “sacar los trapitos al sol”. Destruir todas las barreras. Una vez que no hay barreras, todo está permitido. Si hasta los procesos físicos ya no causan vergüenza… ¿qué nos queda de moralidad?

Rabí Jaim Shmulevitz

“Y Hashem abrió la boca de la burra…” (22:28)

¿Qué significa que un burro empiece a hablar?

La diferencia esencial entre el Hombre y los animales es el poder del habla. El Hombre es llamado “el Hablador”. Ese es el rasgo que sintetiza su supremacía por encima de los animales. El poder del habla le fue dado al Hombre para que elevara el mundo físico e infundiera espiritualidad en lo material.

Al describir la creación del Hombre, la Torá dice que Hashem “sopló en sus fosas nasales un espíritu de vida”. El Targum Onkelos traduce esta frase como “sopló en sus fosas nasales un espíritu de habla”.

En el idioma hebreo, el término “cosa”, davar, tiene la misma raíz que el término “palabra”, dibur. El habla es la conección que une el mundo de los objetos, de las cosas, o sea, el mundo físico, con el mundo espiritual.

Cuando el Hombre utiliza el poder del habla para infundir espiritualidad en el mundo, está llevando a cabo el propósito original para el que fue creado, sintetizando “el espíritu de habla”. Se eleva a sí mismo, y eleva al mundo que lo rodea. Pero cuando degrada el poder del habla utilizándolo para pronunciar maldiciones y malas lenguas, entonces el Hombre no es más que un burro que habla.

Rabí Nota Schiller

“No vayas con ellos; no maldigas a este pueblo, pues son benditos” (22:12)

“Hashem le dijo a Bilaam: ‘No maldecirás a este pueblo’. Bilaam le dijo a Hashem “Entonces, los bendeciré”. Hashem dijo: “Ellos no necesitan de tu

bendición, pues son benditos”. Tal como dice el refrán: “A la abeja le decimos: ‘Ni tu miel, ni tu aguijón.'” (Rashi)

¿Cuál es el animal no kasher que produce comida kasher?

La abeja. A pesar de ser un animal no kasher, la miel sí es kasher. Y la razón por la cual la miel es kasher es debido a que la miel no proviene en realidad del cuerpo de la abeja, sino que las abejas fabrican miel a partir del polen que recolectan. Sin embargo, el aguijón venenoso de la abeja sí proviene de su propio cuerpo (Yoré Deá).

Bilaam era como la abeja. Toda su “miel”, sus dulces bendiciones y las profecías respecto del pueblo judío, no provenían de él. De ningún modo formaban parte de su naturaleza, sino que habían sido extraídas de una fuente externa. Pero las maldiciones llenas de veneno sí provenían de su esencia ponzoñosa.

Sheerit Menajem

“Amalek es la primera de las naciones” (24:20)

Uno de los factores más críticos en la operación de un paciente que sufre de una enfermedad patológica es la necesidad de quitar el tumor entero.

Porque si queda un poco de tejido enfermo, éste vuelve a crecer y a atacar al paciente con renovado vigor.

El mundo físico es un reflejo del espiritual. Israel y Amalek están situados en los extremos opuestos del espectro. El papel de Israel consiste en ser una nación sagrada, que vive una vida de kedushá. Todo lo que hace Amalek está destinado a destruir esa vida. La Torá se refiere tanto a Israel como a su archi-enemigo, Amalek, como “primeros”. Lo que es primero

contiene todo lo que necesita ser: la semilla es un microcosmos perfecto del árbol que habrá de ser algún día. La célula microscópica contiene todo el código genético necesario para construir la vida humana. En efecto, cualquier parte de la anatomía humana cuenta con el código genético necesario para erigir toda la estructura.

Israel es llamado “primero”. “Santo para Hashem es Israel, el primero de Su producto”. Para cumplir con la obligación de la Torá de separar el diezmo de los levitas, lo único que hace falta es un solo grano (Julin 137).

Amalek también es llamado “primero”: “Amalek es la primera de las naciones”. Del mismo modo, hace falta un solo granito de tumá (corrupción espiritual) para que la enfermedad se extienda por todo el cuerpo e infecte todo.

Por eso, la Torá nos ordena, con los términos más fuertes, que erradiquemos hasta el último vestigio del patógeno espiritual cuyo nombre es Amalek.

Porque si quedare la más mínima huella, volverá a crecer con vigor inusitado.

Rabí Mordejai Y.L. Zakash

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