Haftara Pinjas

Yirmiyahu 1:1 – 2:3

Las tres Haftarot que se leen en las Tres Semanas (entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av) se denominan las “tres de aflicción. En ellas, se detallan las terribles consecuencias de habrán de acaecer sobre Israel si el pueblo judío no retorna a Hashem. No obstante, cada una de estas tres Haftarás concluye con una nota de optimismo, donde se expresa la confianza de que

Hashem jamás olvida a Su pueblo, ni siquiera en el más profundo y oscuro de los exilios.

Así dice Hashem: ‘”Me acuerdo en tu favor de la bondad de tu juventud, el amor de tus días nupciales, de cuando fuiste tras de Mí en el desierto, en una tierra no sembrada’. Israel es sagrado para Hashem, el primero de sus granos; todos los que lo devoren cargarán con su culpa, el mal caerá sobre ellos, la palabra de Hashem” (2:2,3).

Había una vez un muchacho sensato, que pasaba todos sus días en el estudio y en el refinamiento de su carácter. Aún a edad temprana, fue capturado por unos bandidos y forzado a vivir entre ellos. Al principio, sintió repulsión por la forma en que se conducían, y se aferró a su conducta original. Sin

embargo, las semanas se hicieron años, y no llegaba ninguna señal de rescate, y el muchacho, a paso lento pero seguro, comenzó a decaer al nivel de sus captores, hasta que, finalmente, no fue posible distinguirlo de ellos.

Cuando el pueblo judío sea redimido, tras su largo exilio, las naciones que los han perseguido deberán dar cuenta, no sólo de sus propias transgresiones hacia Israel, sino también de las transgresiones del propio

Israel, porque de no haber sido por los pueblos con los que se asociaron los judíos a lo largo del exilio, todavía se habrían mantenido en el mismo nivel espirtual que tenían cuando estaban en el desierto.

Ese es el significado de los versículos “Me acuerdo en tu favor de la bondad de tu juventud, el amor de tus días nupciales, de cuando fuiste tras de Mí en una tierra no sembrada”. Hashem dice: recuerdo cuando fueron tras de Mí en el desierto, antes de que fueran exiliados entre las naciones. En su raíz, son un pueblo santo, y si pecaron, se debió únicamente a la

atmósfera en la que se encontraron durante la larga noche del exilio.

Kojav mi Yaakov en Mayaná shel Torá

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