Parasha Shlaj (Comentarios)

“Envía hombres, y que espíen la tierra de Canaán” (13:2)

Una historia real:

El joven le dice al rabino: “Rabino, a mí no me hace falta la religión organizada. Yo sé que mantengo una relación especial con D-os.

Hace un par de años, yo iba en mi moto por un camino sinuoso de montaña en Colorado. Era un día precioso. De repente, giré y me topé con un camión inmenso. El apretó los frenos, y yo también. Me caí junto con la moto y me deslicé por el camino, pero iba demasiado rápido. No podía dejar de deslizarme. Estaba a un paso del borde del camino, tras el cual hay un precipicio de unos quinientos pies de altura. Yo veía cómo el borde se acercaba más y más, pero ¡no podía parar! Pasé por encima del borde del camino junto con la moto, y ésta se cayó al precipicio. De repente vi una rama y me agarré, y, gracias a D-os, soportó mi peso. Logré llegar otra vez al borde de la roca y al camino. Fue un verdadero milagro. Yo no necesito cumplir con la Torá. Yo sé que D-os está junto a mí. ¿Quién, si no El, puso ahí esa rama?”

Entonces el rabino le dijo al joven: “¿Acaso no deberías preguntarte Quién puso el camión, en primera instancia?”

Al comienzo de la parashá de esta semana, Rashi pregunta: “¿por qué el relato de los espías viene inmediatamente después de las calumnias que dijo Miriam con respecto a Moshé?” Pero la pregunta es un poco rara. La razón por la cual se yuxtaponen ambos acontecimientos es que, cronológicamente, uno viene después del otro. Así fue como sucedieron. ¿Por qué no habrían de escribirse uno después del otro?

En algún momento de la vida, todos nosotros tuvimos que dar examen. La esencia del examen es que no sabemos qué nos van a preguntar. Si lo supiéramos, pues no sería un examen.

No ocurre lo mismo en nuestra relación con el Creador. Hashem nunca nos toma examen sin antes darnos las respuestas.

El Pueblo Judío quiso enviar esp[a1]ías a la Tierra de Israel mucho tiempo, antes de que Hashem les diera permiso. Sin embargo, Hashem sabía que existiría la tentación de hablar mal de la Tierra, y por eso esperó hasta que Miriam hubiese sido castigada por hablar las malas lenguas, para que los espías supieran con certeza que la calumnia era algo prohibido. En otras palabras, no era tanto que el relato de los espías viniera después de la calumnia pronunciada por Miriam, como el hecho de que Miriam hubiese hablado las malas lenguas proporcionaba la lección que facilitó el envío de los espías.

Hashem nunca nos toma prueba sin antes darnos las respuestas.

Gur Arié, oído de boca de rabí Moshe Zauderer, y un relato oído de boca de Rabí Moshe Averick.

“Envía hombres…” (13:2)

Una de las expresiones menos felices que se incorporó últimamente al idioma castellano es “sacar el cuero…”, hablar mal de alguien. Sin embargo, consciente o inconscientemente, la idea se remonta a hace cerca de dos mil años…

En la parashá de esta semana, la Torá describe la misión de los espías que fueron a explorar la Tierra de Israel.

Se nos dice que los espías cometieron un error terrible al calumniar a la Tierra.

Pero ¿qué hay de malo con calumniar un pedazo de tierra, meros árboles y piedras? La prohibición de denigrar a un ser humano es comprensible, porque se le puede hacer mucho daño a la persona con las calumnias y las malas lenguas. Pero ¿a una tierra? ¿acaso la tierra es susceptible a las calumnias? Sea como fuere, los espías fueron acusados por el mal informe que trajeron de la Tierra de Israel.

La Torá nos prohíbe hacer el mal, no sólo por el efecto que produce en los demás, sino por el efecto que produce en nosotros mismos. Somos nosotros los que sufrimos un daño cuando hablamos las malas lenguas.

Lo físico siempre refleja lo espiritual. La Torá llama a las calumnias lashón hara, mala lengua, significando que la propia lengua se ha vuelto una malvada. No es sólo que se ha creado un mal en el mundo; no es sólo que arrojamos una flecha envenenada que no puede detenerse. Nuestro propio cuerpo se ha corrompido. Hicimos que nuestra lengua se comportase como una “malvada”.

A Rabí. Haver

“Moshé llamó a Hoshea, hijo de Nun, ‘Yehoshua'” (13:16)

La luna llena iluminaba el cielo despejado. El monótono zumbido de cuatro motores de émbolo interrumpían el silencio nocturno. Al alcanzar el avión los dos mil pies de altura, dos siluetas oscuras dieron un salto hacia la nada. De pronto, dos enormes paracaídas se hincharon en el cielo plateado. Dos hombres flotaban en silencio encima de los campos. Campos que se les habían grabado en el cerebro tras largas semanas de entrenamiento. En silencio, siguieron flotando hasta tocar tierra.

Dos hombres detrás de las líneas enemigas. Sus tareas: iguales pero distintas. Uno, a enfrentarse abiertamente. El otro, a infiltrarse en la confianza del liderazgo, simulando aceptar y ganándose su confianza, para aprovechar el momento oportuno y pronunciar la verdad en el campo de los medios.

Hay dos formas de enfrentarse al mal. Una, es enfrentándolo cara a cara, gritando encima de los techos. La otra, es simulando unírsele, transformándose en una “quinta columna”, en un agente secreto, sonriendo la misma sonrisa patriota, pronunciando las mismas perogrulladas nacionalistas, pero, por adentro, esperando.

De los doce espías que envió Moshé a la Tierra de Israel, solamente dos regresaron con un informe favorable: Yehoshua y Calev. Antes de que Moshé enviara a los espías, le cambió el nombre a Hoshea. Moshé agregó una letra, la yud, al nombre de Hoshea, transformándolo en “Yehoshua”.

¿Por qué no hizo lo mismo con Calev?

Yehoshua y Calev son dos tipos de personalidades diferentes. Uno es el extrovertido, que lucha por sus opiniones en forma vociferante, mientras que el otro es introvertido, luchando en silencio detrás del telón. La ventaja de la oposición encubierta es que uno no corre el riesgo físico de ser atacado, pero hay un peligro muy grande: cuando una persona emite una opinión de la que en realidad descree, y asume un disfraz, corre el peligro de que con el tiempo se transforme en la persona que ahora simula ser.

Yehoshua representa la personalidad extrovertida. Su resistencia abierta lo ponía en peligro real físico. Fue por ese motivo que Moshé le cambió el nombre, dándole la bendición de que Hashem lo salvaría de los espías. Calev, por el contrario, era más introvertido. Su método de oposición consistía en seguir actuando su papel hasta que llegara el momento oportuno de oponerse. Por ende, no se encontraba en peligro inmediato. Sin embargo, ese sutil condicionamiento también representaba para él una amenaza. Fue por esa razón que Calev fue a rezar a las tumbas de los Patriarcas, para que su disfraz no le distorsionara el juicio y lo condujera a ponerse del lado de los espías.

Jafetz Jaim, oído de Rabí C.Z. Senter

“La tierra de Israel es muy buena” (14:7)

¿Cuántas veces oíste decir algo así: “Ay, no sé cómo puedes vivir en este país. Estás viviendo en el Tercer Mundo. Tan sucio… tan peligroso… No puedo entender cómo alguien con un estándar de vida decente puede irse a vivir a una villa miseria…”.

¿Por qué a algunos la Tierra de Israel les resulta tan bella, mientras que otros, por más que se esfuercen en percibir su belleza, siempre quedan decepcionados?

Había una vez una princesa muy bella que ten[a3]ía muchos candidatos a pedirle la mano en matrimonio. Obviamente, ella no se podía casar con todos, por lo que divisó un plan a fin de seleccionar los candidatos más prometedores. Cada vez que venía un joven a cortejarla, sus sirvientes lo conducían a una recámara del palacio. En la mesa, había fruta y algunos libros de Torá. Los sirvientes le decían que la princesa llegaría en un rato. Le decían que se pusiera cómodo y se sirviera fruta. Lo que el candidato no sabía era que había un agujero en la pared y que a través de ese agujero la princesa observaba al pretendiente.

Si tomaba una fruta y pronunciaba la berajá con la debida concentración, o si tomaba un libro y se ponía a estudiar en forma diligente, entonces ella aparecía con sus mejores ropas y su inusual belleza.

Pero si el candidato comía fruta sin pronunciar la berajá correspondiente, o si desperdiciaba el tiempo, en vez de aprovechar la oportunidad para estudiar Torá, entonces ella vestía harapos, se ennegrecía el rostro y los dientes y aparecía como una bruja.

Eretz Israel es esa princesa. Si la persona viene a la Tierra en busca de espiritualidad, quedará encantada hasta por la belleza física de Eretz Israel. Pero si la persona no es digna, dondequiera que mire va a ver todo sucio.

Sin embargo, Eretz Israel nunca avergüenza a un ser humano. Y para que no sufra el bochorno de ser rechazado por la Tierra, Eretz Israel deja que la persona piense que fue él el que la rechazó a ella.

Ramban en una carta a sus talmidim de Eretz Israel;
oído de Rabí Nota Schiller en nombre de Rabí Yosef Tzeinvert.
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