Parasha Behar (Comentarios)

“… en el Monte Sinaí…” (25:1)

La mitzvá de la shemitá le ordena al Pueblo judío que deje de trabajar sus campos cada séptimo año, con la promesa de que, milagrosamente, Hashem les proporcionará todas sus necesidades.

Sin embargo, el milagro de la shemitá variaba de acuerdo con su nivel de bitajón (confianza en Hashem).

Cuando el pueblo judío tenía un nivel alto de bitajón, la cantidad de alimentos que se cosechaban en el sexto año no variaba de un año a otro; no obstante, alcanzaba para proveer nutrición durante tres años, en vez de uno.

Pero cuando el nivel de confianza en Hashem era bajo, los campos daban, en términos reales, tres veces la cantidad que se cosechaba en un año común.

En el primer caso, se producía un milagro oculto; en el segundo, un milagro descubierto. ¿Por qué el nivel más bajo invocaba un milagro aparentemente más grande, más abierto?.

El milagro descubierto siempre es el “segundo mejor” en el plan de Hashem. El Hombre es la criatura que está designada en forma específica para tener libertad de elección. Los milagros abiertos son tan compulsivos que limitan la libertad de elección del Hombre.

No obstante, Hashem responde hasta al nivel más bajo de confianza en El y proporciona la pirotecnia de un milagro abierto, si eso es lo que hace falta para hacer que el pueblo se sienta seguro.

Una vez, Rabí Jaim de Volozhin le preguntó al Gaón de Vilna qué es lo que quiere decir el Talmud cuando dice que uno de los atributos de Hashem es “estar satisfecho con Su parte”. El Gaón de Vilna le respondió que la parte de Hashem es el pueblo judío. El querría que estuviésemos en un nivel más elevado, pero no obstante está satisfecho con nosotros, cualquiera sea el nivel en que nos encontremos.

“Y Hashem le habló a Moshe en el Monte Sinaí, diciendo…” (25:1)

Hashem le dijo a Moshe todas las mitzvot en el Monte Sinaí. Entonces ¿por qué la Torá registra en forma específica que la mitzvá de shemitá le fue transmitida a Moshe “en el Monte Sinaí”? ¿Acaso todas las otras mitzvot no le fueron también transmitidas a Moshe en el Monte Sinaí?

Uno de los efectos de la mitzvá de shemitá es implantar en el corazón de pueblo judío la idea de que Hashem, a pesar de toda Su Trascendencia, igualmente supervisa hasta el más mínimo detalle de este mundo.

La shemitá nos enseña que Hashem nos proporciona todo lo que necesitamos a pesar de al parecer no somos más que un punto minúsculo en el espacio intergaláctico. En Sus ojos, todos esos billones de años luz no son más que un parpadear de ojos.

No está “por debajo de Su dignidad”, por decirlo de alguna manera, el interesarse por este plano físico nuestro. Pues “en el lugar de la grandeza de Hashem, allí está Su humildad”.

Hashem eligió, como el sitial para Su revelación, no al Monte Everest, la montaña más alta del mundo, sino al humilde, bajo Sinaí. Fue en el Sinaí que El quiso revelarnos Su Torá. Pues a pesar de toda la inefable Majestad y Trascendencia de Hashem, la humildad de espíritu Le son muy preciadas.

Y precisamente ahí está la conexión entre la shemitá y el Sinaí: así como la shemitá pone de manifiesto que Hashem se ocupa hasta de este mundo tan bajo, así también El nos reveló la Presencia Divina en el Sinaí, la más baja de las montañas.

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