Haftara Bamidbar

Shmuel I 20:18-42

¨Majar Jodesh¨


La razón obvia por la cual se lee esta Haftará cuando el Shabat es víspera de Rosh Jodesh se encuentra en el primer versículo, que afirma que “mañana es Rosh Jodesh”.

Este episodio tuvo lugar después de que Saúl decidiera matar al joven David, que para entonces ya era su yerno, a fin de evitar la caída de su reinado decadente, y para asegurárselo a su hijo Yonatán. Sin embargo, Yonatán, el príncipe de la corona era muy amigo de David, y quiso salvarlo de la muerte a expensas de perder su futuro trono. La haftará narra el pacto secreto de amistad entre ambos, y el modo en que Yonatán le advirtió a David que huyera para salvar la vida, a través de una señal que habían convenido el uno con el otro.

LAS PRIMERAS GENERACIONES

Distintos historiadores y críticos de la Biblia han tratado de demostrar a través de este episodio que, en la antigüedad, las personas eran como nosotros, con las mismas faltas morales y las mismas inclinaciones egoístas, pues, al parecer, el Rey Saúl cometía una grave falta al tratar de matar a su prójimo para poder mantener su reinado.

Nosotros, en tanto que judíos creyentes, tenemos una perspectiva muy diferente de las primeras generaciones, que estaban mucho más cerca de D-os, y que tenían el privilegio de recibir revelaciones Divinas a través de los profetas. Por consiguiente, creemos que se encontraban por encima y más allá de los defectos que conocemos hoy en día.

Las acciones del Rey Saúl suelen explicarse afirmando que, en esa época, la nación necesitaba una monarquía para su superviviencia y que, con ese propósito, la Torá le ordena al rey que mantenga su reino, permitiéndole matar a todo el que le presenta un peligro potencial.

Muy por el contrario: al perseguir a David, el Rey Saúl solamente estaba obedeciendo el precepto de la Torá. Y la prueba es que, si bien Yonatán se encontró con David tras enviar de regreso al muchacho, no le advirtió que huyera con sus propios labios, sino que confió en la señal convenida, pues no deseaba transgredir la ley judía que prohíbe esto, y el intercambio de palabras entre ambos, en aquel encuentro, fue solamente para afirmar su pacto de amistad.

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