Parasha Mishpatim (Comentarios)

“Subieron Moshe, Aarón, Nadav y Avihu y setenta de los ancianos de Israel. Ellos vieron al D-os de Israel, y bajo Sus pies había la semejanza de un ladrillo de zafiro, y su pureza era como la esencia de los cielos” (24:9,10)

Querido diario:

Ayer me pasó algo muy raro.

Ayer era Simjat Torá (la fiesta en que nos regocijamos junto con la Torá).

Tal como se dieron las cosas, terminé celebrando la fiesta en Tikvat Sion, una ciudad israelí típicamente corriente…

Las descascaradas fachadas grises atestiguan que esta ciudad no ha de convertirse en otra pequeña New York, o en otra Tel Aviv.

Sea como fuere, ayer me dirigí hacia la sinagoga municipal de la ciudad para celebrar Simjat Torá. La verdad es que no había mucha gente. No es una ciudad religiosa. A decir verdad, la mayoría de los que allí había rondaban cerca de los setenta y ochenta años. Y la mayoría había venido a Israel después de la guerra. La mayor parte había estado en los campos de concentración.

El motivo por el cual escribo todo esto es porque allí ocurrió algo muy pero muy raro.

Todos estaban bailando con los Sifrei Torá (Rollos de la Torá), como en cualquier Simjat Torá, cantando y bailando y haciendo mucho ruido. Brindando “lejaim”…. Y de pronto, cesó el cantar y el bailar. Todos se quedaron mudos. La sinagoga en silencio.

Uno de los viejitos fue detrás del Arca sagrada. Y sacó una tabla de madera de cerca de un metro y medio de largo y la puso en el suelo en medio de la sinagoga.

Lentamente, como si hubieran sido convocados a cierto rito atávico, todos los ancianos miembros de la sinagoga les entregaron sus rollos de Torá a los jóvenes, y silenciosamente comenzaron a dar vueltas alrededor de la tabla que había en el suelo.Una vuelta y otra vuelta más. Silencio absoluto.

Todo finalizó en cuestión de minutos. De la misma forma mecánica en que había comenzado, así terminó. La sinagoga retornó a la típica escena de Simjat Torá, como si no hubiera pasado nada. Los niños en los hombros de los padres, agitando banderas, cantando y bailando…

Cuando el hombre que había sacado la tabla volvió a salir de detrás del Arca sagrada, tras devolverla a su sitio, le pregunté qué era lo que acababa de presenciar. Y esto fue lo que me dijo:

“En la guerra, estuvimos todos juntos en el mismo campo de concentración. Por milagro, alguien logró entrar de contrabando un Sefer Torá. Era justo antes de Simjat Torá. Teníamos muchísimo miedo de que lo encontraran los Nazis, imaj shemam. Por eso levantamos el suelo de madera y lo escondimos debajo de las tablas del piso.Cuando llegó Simjat Torá, los Nazis estaban por todas partes; deben haber sabido que estaba por pasar algo. No podíamos de ninguna forma arriesgarnos a sacar la Torá de su escondite, y además teníamos miedo de que el guardia nos oyera si hacíamos mucho ruido. Así que simplemente nos pusimos a dar vueltas y más vueltas alrededor del sitio donde estaba oculta la Torá. Una vez entraron. Y nosotros hicimos como si estuviéramos yendo a las literas o a la puerta, hasta que se fueron, y entonces seguimos dando vueltas.

Por eso, ahora, cada año, conmemoramos aquel Simjat Torá del campo de concentración tal como acaba de ver.

Al final de la parashá de esta semana, la Torá describe un ladrillo de zafiro. En la época en que el pueblo judío fue esclavo, ese ladrillo se encontraba delante de Hashem.

Ese ladrillo era un recordatorio del sufrimiento que pasaron cuando construyeron las ciudades tesoro de Egipto con ladrillos de mortero.

La “esencia de los cielos” se refiere a la luz y la alegría ante Hashem que hubo cuando fueron redimidos.

Cada vez que la Torá describe los rasgos de Hashem, es para que tratemos de imitarlos.

Inclusive cuando se reveló la “esencia de los cielos” , inclusive en la luz y la alegría de la redención, “el ladrillo de zafiro” del sufrimiento seguía presente.

Al acordarnos de nuestro sufrimiento en el pico de nuestra alegría, percibimos una dimensión absolutamente nueva de la felicidad. Y así podemos comprender a un nivel más profundo todo el bien que el Todopoderoso nos concede, y agradecerle con todo el corazón.

(Rashi, Rabí Ierujam Levovitz, Zale Newman, Moshe Averick)

“Ojo por ojo…” (21:23)

La estrella de la película ‘2001’ Odisea del Espacio era una súper-computadora esquizofrénica llamada HAL (computadora ALgorítimica programada en forma Heurística). En ese entonces, se decía que el nombre de la computadora aludía a la empresa IBM, porque si tomamos las letras “HAL” y las reemplazamos por las letras que las siguen en el alfabeto, se forma la sigla “IBM”.

En realidad, HAL es un pálido plagio del original:

Nuestros Sabios nos enseñan que cuando la Torá dice: “Ojo por ojo”, significa que si una persona deja ciega a otra, tiene que pagarle una compensación financiera. No significa que se lo castiga dejándolo ciego a él.

A eso apunta la Torá. La traducción literal de la frase “Ojo por ojo” es “Ojo bajo ojo”. ¿Por qué la Torá emplea tan inusual expresión?

En el alef-bet hebreo, las letras que siguen a las letras de la palabra “ain” (ojo) forman la palabra “kesef” (dinero).

En otras palabras, si tomamos las letras hebreas que están bajo la palabra “ojo”, se obtiene “dinero”.

Por eso, el “ojo” que está bajo el “ojo” es el “dinero”. La recompensa financiera es el ojo que está “debajo” del ojo.

(El Gaón de Vilna)

“Cuando un hombre robare…” (21:37)

Los judíos no son perfectos. Pero su estadística delincuente es muy baja. Y cuando los judíos comiten un delito, suelen hacerlo en secreto, no abiertamente. El asalto es insignificante, estadísticamente hablando, entre los judíos, mientras que los delitos “profesionales” tales como el desfalco y el fraude fiscal ocurren con más frecuencia. ¿Por qué?

La Torá afirma que el ladrón que roba ocultándose “se vende en su robo”, mientras que el ladrón que va a robar con desfachatez no se vende. La esencia del pueblo judío es que no solamente son el Pueblo Eterno, sino que además son el Pueblo Interno.

Los judíos pertenecen al Mundo del Adentro, el mundo de la libertad. Es por eso que debían ser redimidos de Egipto, pues, a un nivel místico, no forman parte del Mundo del Cautiverio, el Mundo del Afuera.

El ladrón que roba al descubierto ciertamente comete un delito, mas no usa ni distorsiona esa elevada y singular cualidad del pueblo judío.

Pero el que roba en secreto, engañando en sus impuestos, por ejemplo, está malversando esa elevada cualidad que constituye la esencia del pueblo judío: el Mundo de la Libertad, el Mundo del Adentro.

(Shem mi Shmuel)

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