Parasha Bo (Comentarios)

UNA MULTITUD DE MITZVOT

“Y no quebraréis ningún hueso (de la ofrenda de Pesaj)…” (12:46)

En la Segunda Guerra Mundial, durante el intensísimo bombardeo a Londres, se evacuó una gran cantidad de familias, hacia zonas más seguras. A veces, una misma familia se veía dividida, y algunos hijos eran evacuados muy lejos, como por ejemplo a Canadá, mientras que otros hijos permanecían junto a los padres, en la relativa seguridad de la campiña inglesa.

Bien podemos imaginarnos los emotivos momentos que tuvieron lugar cuando la guerra llegó a su fin, y esas familias se vieron reunidas. Pero luego de la emoción del primer momento, se hizo evidente que el lazo de los padres con los hijos que habían quedado era muchísimo más fuerte que el lazo con los hijos de los que habían estado separados durante cuatro largos años.

Pensamos que, porque amamos a nuestros hijos, les damos. Pero en realidad, también ocurre al revés. En virtud de que les damos, los amamos. Cada vez que nos levantamos a medianoche a llevarles un vaso de agua o a cambiarles el pañal, les estamos dando, y ese acto de dar conduce al amor. ¿Qué era lo que faltaba en la relación entre los padres y los hijos que habían sido evacuados? Probablemente, faltaban cuatro años de no levantarse en medio de la noche para alcanzarles un vaso de agua.

Lo mismo ocurre con nuestra relación con Hashem. La gente suele decir “Me encantaría tener tu misma fe! Pero qué puedo hacer si no la siento…” La verdad es que el hacer conduce al sentir. Cuando la persona Le da a Hashem, haciendo lo que Hashem quiere que haga, es el equivalente espiritual de levantarse a medianoche para darle al hijo un vaso de agua.

Por eso Hashem nos dio tantas mitzvot que nos ayudan a recordar el Exodo, porque si sólo se tratara de recordar el evento, ¿no es cierto que bastaría con comer un pedacito de matzá? Pero Hashem nos da una multitud de mitzvot, para que nos veamos afectados emocionalmente, y en nuestros corazones se despierte un amor intenso a nuestro Creador.

(Basado en Sefer ha Jinuj y Rabí E. Dessler)

SE SUSPENDE PESAJ!

“Y lo celebraréis (Pesaj) como una fiesta para Hashem; a lo largo de las generaciones, como un decreto eterno, lo celebrarás” (12:14)

Si percibimos el festival del Exodo de Egipto como la mera redención física de una esclavitud corporal, podemos cometer el error de pensar que en otros momentos de opresión física y exilio, deberíamos suspender la celebración de Pesaj. Pero si vemos la redención de Egipto como un éxodo espiritual, si nos enfocamos en el hecho de que Hashem nos rescató de hundirnos en la ciénaga espiritual de Egipto, y nos tomó como Su Pueblo Elegido, entonces la fiesta de Pesaj es algo eterno, que debe ser celebrado inclusive en el exilio más oscuro.

Por lo tanto, si “lo celebraréis como una fiesta para Hashem”, si se lo celebra como un momento de redención espiritual, entonces “lo celebraréis como un decreto eterno”, incluso en el más oscuro exilio.

(Adaptado de Méshej Jojmá)

TIRAR ABAJO LAS PUERTAS

“Pasaré por la tierra de Egipto esa noche, y golpearé a cada primogénito. Yo soy Hashem” (12:12)

“Pasaré por la tierra de Egipto esa noche”: Yo, y no un ángel .
“Y golpearé a cada primogénito”: Yo, y no un seraf.
“Yo soy Hashem”: Yo soy El, y no ningún otro.

(Yalkut Shimoni 189)

¿Por qué hacía falta que el propio Hashem realizara el milagro de los primogénitos? ¿Acaso no podría haber enviado a un mensajero espiritual, a un ángel, en su lugar?

Todas las cosas existen primero en una forma superior y luego va descendiendo por todos los niveles de existencia, hasta que alcanzan nuestro mundo. Todos los entes existen en todos los reinos, pero en distintas formas. Por ejemplo, para nosotros el fuego es algo que arde, pero en los mundos superiores, el fuego deriva de las pasiones de los malvados. Por consiguiente, lo que percibimos como un milagro, a veces es producto de nuestra limitada perspectiva en este mundo inferior. Por ejemplo, cuando Abraham Avinu salió ileso de un horno ardiente, verdaderamente se trató de un gran milagro, pero solamente para nosotros. En los reinos superiores, siendo que Abraham Avinu se encontraba libre de las pasiones de las que deriva el fuego, el ente que corresponde al fuego no podía tocarlo, y por lo tanto su salvación no pareció un milagro en absoluto. Eso es lo que quiere decir cuando Gabriel, el ángel encargado del fuego, dijo “Descenderé y lo salvaré (a Abraham)”. El descenso de Gabriel simbolizó que la naturaleza superior del fuego sería revelada en este plano inferior de la existencia.

No obstante, en Egipto, los judíos estaban tan sumergidos en la corrupción, que no correspondía que se los redimiera, ni siquiera según las normas del reino superior. Por consiguiente, únicamente Hashem era capaz de “derribar las puertas”, vale decir, de alterar el curso de la naturaleza para que el pueblo judío pudiera ser liberado de su cautiverio. Y por ese motivo sólo Hashem, y no un ángel, podía realizar el milagro de la muerte del primogénito, liberando así al pueblo judío de Egipto. Un milagro, inclusive en el nivel más elevado.

Adaptado de Beit ha Levi)
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