“…Contigo bendecirá Israel, diciendo ‘Hágate Dos como Efraím y como Menashé'”(48:20)

La Parashá Vaiejí es única en toda la Torá porque es “cerrada” -no hay un espacio extra entre la palabra final de la Parashá anterior y el comienzo de esta Parashá. Similarmente, el ojo de los Hijos de Israel estaba “cerrado” a la esclavitud espiritual de los egipcios, que comenzó imperceptiblemente con la muerte de Iaacob. Otra razón por la que la Parashá es “cerrada” es porque Iaacob quería revelar a sus hijos el fin del exilio final del Pueblo Judío, y la llegada del Mashiaj, pero su visión profética fue “cerrada”, y no pudo revelarla.

Nosotros estamos viviendo en el tiempo de “los pasos del Mashiaj”. Nuestros Sabios nos enseñan que este será un tiempo de inmensa confusión, donde parecerá que todo se ha vuelto loco, y que Dos no puede manejar o simplemente no maneja el mundo. Toda la razón para que la Guía Providencial esté escondida es probar nuestra fidelidad a Dos; que aún cuando ocurren trágicos hechos, ni siquiera por un segundo nos cuestionamos quién está manejando el mundo. Nosotros vivimos en el capítulo final de la historia del mundo. Los dioses del materialismo y egocentrismo nunca cierran sus ojos, implacables en sus medios de bombardeo. -Nuestros ojos nunca deben estar cerrados a la visión de que cada día el Redentor vendrá a Zión.
Basado en Rashí

“Tendió Israel su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím….y a Menashé con su izquierda…”(48:14)

Iaacob fue el primero en dar una bendición poniendo sus manos en la cabeza. Por qué él originó esta práctica? Si el receptor era merecedor de la bendición, qué necesidad había de esta demostración física? Iaacob vió el comienzo del exilio, y se dió cuenta que el Pueblo Judío viviría afuera de Israel, distante de la fuente de Kedushá (Santidad). El haber puesto sus manos sobre la cabeza simbolizó una tubería espiritual – así como sus brazos lo conectaron con Efraím y Menashé físicamente, así su bendición llegaría al Pueblo Judío, dándoles una cuerda salvavidas hacia el manantial de santidad aún en el exilio más remoto y desierto.
HaFlaó

“…Contigo bendecirá Israel, diciendo ‘Hágate Dos como Efraím y como Menashé'”(48:20)
La verdadera “brecha generacional” está entre los dotes espirituales de una generación y la que le precede. Desde el momento supremo en el Monte Sinai, la marcha de la historia ha ido constantemente en bajada espiritual. Los viernes en la noche (Shabat) en el mundo Judío, lo primero que un padre hace cuando regresa de la sinagoga es bendecir a sus hijos con las palabras de este versículo, “Hágate Dos como Efraím y como Menashé”. Por qué de todos nuestros gigantes espirituales, Efraím y Menashé son elegidos para ser los paradigmas de la bendición? Por qué no decimos “Hágate Dos como Abraham o Moshé?” La respuesta la encontramos en lo que dijo Iaacob a Iosef, “Efraím y Menashé serán para mí como Reubén y Shimón” (48:5). A pesar de que Efraím y Menashé eran los nietos de Iaacob, habían alcanzado el nivel de la generación anterior, el nivel de sus tíos Reubén y Shimón – ellos no descendieron la escalera espiritual. Por eso, los viernes en la noche, un padre bendice a sus hijos para que absorban todos los dotes espirituales de la generación precedente y que escapen a la bajada espiritual – la brecha generacional.
Adaptado de Rabbí Mijael Schoen – “Prisms”

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