“Yosef reunió todo el dinero que se hallaba en la tierra de Egipto… y… trajo el dinero al palacio del Faraón” (47:14)

En términos generales, el mundo de los negocios no es más que un sistema sofisticado de rascarse la espalda. Tú me entiendes. Tú me rascas la espalda a mí, y yo te compro los F-16 a un precio exorbitante.

¡Qué placer cuando uno encuentra a alguien que quiere terminar un trabajo simplemente porque se comprometió a terminarlo! Alguien que antepone su integridad a su cuenta bancaria.

En la parashá de esta semana podemos encontrar el prototipo de esta clase de persona.

La subida al poder de Yosef en Egipto vino a cumplir su profecía de que su padre y sus hermanos se inclinarían ante él. Y para hacer realidad la promesa de Hashem de que los descendientes de Abraham habrían de ser esclavos en Egipto y saldrían de allí con gran riqueza. El ascenso de Yosef no fue más que un medio para cumplir con tales fines.

Por eso, una vez que su padre y sus hermanos se acomodaron a salvo en Goshen, por lógica Yosef tendría que haber dejado de trabajar con el enorme vigor que lo caracterizaba.

De ningún modo. Inclusive cuando ya no hacía falta que Yosef siguiera sirviendo al Faraón, el tzadik lanzó un plan agrario que consolidó toda la riqueza de Egipto bajo el dominio del Faraón. Yosef continuó actuando como un príncipe nacido en cuna real.

¿Para qué?

Yosef era el emblema del hombre íntegro. Incluso después de que alcanzó sus propios intereses y ya no había más necesidad de enriquecer al Faraón, Yosef fue recíproco con la confianza que había depositado en él el Faraón, y aseguró los logros financieros de su dinastía.

De ese modo, santificó el Nombre de Hashem ante el pueblo. Porque entonces todos supieron que Hashem hace prosperar a los que Le temen.

Ramban, Rabbi Meir Schlessinger, Rabbi Moshe Zauderer
(Yosef) cayó sobre el cuello (de su padre) y lloró excesivamente” (45:14)

Imagínate que no has visto a tu padre durante veintidós años. Cuando, por fin, lo vuelves a ver, es natural que estalles en una profusión de lágrimas.

Ahora imagínate que tú eres el padre, y no sólo que no has visto a tu hijo durante veintidós años, sino que la mayor parte del tiempo lo diste por muerto. ¿No es cierto que llorarías todavía más que tu hijo?

Cuando Yosef por fin se reúne con su padre Yaakov, en la parashá de esta semana, él vuelca su corazón en un mar de lágrimas ante la tremenda emoción de volver a ver a su padre después de tantos años. Sin embargo, en ningún momento se menciona la reacción de su padre.

Nuestros Sabios nos dicen que, en ese preciso momento, Yaakov se encontraba recitando el Shemá.

¿Por qué Yaakov eligió precisamente ese momento tan emotivo para decir el Shemá?

El tzadik aprovecha cada oportunidad y cada emoción para servir a Hashem. Al sentir el supremo impulso de felicidad y amor ante la imagen de su querido hijo, lo primero en lo que pensó fue en canalizar esa dicha personal a una expresión sublime de amor a su Creador. Por eso recitó el Shemá.

“Y amarás a Hashem, tu D-os, con todo tu corazón…”

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