La historia de Janucá

Un día llegaron los secuaces de Antioco a la aldea de Modin, donde vivía el anciano sacerdote Matatias. Cuando el oficial sirio hizo construir un altar en la plaza publica de la aldea y exigió a Matatias que ofreciera sacrificios a los dioses griegos, este replico: “Yo, mis hijos y mis hermanos, permaneceremos fieles al pacto que Di-s hizo con nuestros antepasados”

De inmediato se acerco al altar un judío helenista con la intención de ofrecer un sacrificio. Matatias empuño su espada y lo mato, los hijos y los amigos se arrojaron sobre los oficiales y soldados sirios y mataron a muchos de ellos, después de perseguir a los demás destruyeron el altar.
Matatias sabia que Antioco se enfurecería cundo supiese lo que había pasado y seguramente enviaría a sus esbirros para castigarlo a el y a los suyos. Por lo tanto abandono la aldea de Modin con sus hijos y los suyos y huyo a los montes de Judá.
Todos los judíos leales y valientes se le unieron. Formaron legiones que cada tanto abandonaban sus escondites para lazarse sobre destacamentos y avanzadas de los enemigos y para destruir los altares paganos que se erigían por orden de Antioco.
Antes de morir Matatias reunió a sus hijos y los insto a seguir peleando por la Tora de Di-s. Les pidió que siguieran los consejos de su hermano Simeón el sabio y que en la lucha reconocieran como jefe a Yehuda el fuerte. Yehuda era llamado el Macabeo, palabra compuesta por las cuatro primeras letras de las palabras hebreas Mi Kamoja Ba-elim Hashem (quien como tu oh Di-s)
Antioco mandó a su general Apolonio para eliminar a Yehuda y su gente, los Macabeos. Aunque superaban en numero y en equipo a su adversario, los sirios fueron derrotados por los Macabeos. Antioco despachó entonces otra expedición que también fue derrotada. Al fin comprendió que solo un ejercito poderoso podría aspirar a vencer a Yehuda y sus bravos combatientes, un ejercito de 40000 combatientes recorrieron el territorio bajo las ordenes de Nicanor y Gorgiash. Al enterarse de esto Yehuda y sus hermanos exclamaron, “Lucharemos hasta la muerte en defensa de nuestras almas y de nuestro templo” El pueblo se reunió en Mizpa (donde antaño el profeta Samuel había elevado sus preces a Di-s). Al cabo de una serie de batallas se gano la guerra.
Los macabeos regresaron a Jerusalem y la liberaron. Entraron al templo y lo limpiaron de ídolos que habían colocado los vandálicos sirios. Yehuda y los suyos levantaron un altar y lo consagraron en el Vigésimo quinto día del mes de Kislev del año 3622.
La menorá candelabro de oro, había sido robada por los sirios, por lo que los macabeos hicieron una nueva de un material menos noble. Cuando quisieron encenderla encontraron solo una pequeña redoma de aceite puro cerrada con el sello del gran sacerdote Johanan. Alcanzaba para un solo día, pero por un milagro de Di-s, siguió ardiendo durante ocho días hasta que se consiguió mas aceite.
El milagro demostró que Di-s había tomado nuevamente a su pueblo bajo su protección. En recuerdo de esto nuestros sabios fijaron los ocho días de Januka para la celebración anula de acción de gracias y del encendido de las velas.
Cuando murió el malvado Antioco, su hijo Eupator ascendió al trono de Siria. Eupator no era nada mejor que su padre. Formo un ejercito de mercenarios, compuesto por cien mil soldados de infantería, veinte mil de caballería y treinta y dos elefantes adiestrados para la guerra, todos eran veteranos de guerras anteriores e iban protegidos con corazas y cascos de metal, cuando el sol naciente iluminaba este resplandeciente conjunto de armaduras, el brillo que reflejaba relumbraba a millas de distancia.
Yehuda y sus valientes guerreros dispuestos a pelear hasta el último hombre, atacaron a sus enemigos pero sin antes implorar la ayuda de Di-s en su santa causa.
Fue una batalla sangrienta pero Yehuda y los suyos lucharon sin tregua. Destruían un batallón tras otro pero el enjambre enemigo parecía inextinguible. De pronto Eleazar vio un elefante mas ricamente enjaezado que los otros y que iba con una fuerte escolta armada. Allí debe encontrarse el rey pensó, si lo mato la victoria será nuestra. Con desprecio de su propia vida Eleazar se precipito sobre el elefante abriéndose paso a brazo partido entre la escolta, matando a diestra y siniestra, hasta llegar al enjaezado animal, Eleazar mató al animal y al encumbrado jinete, pero al hacerlo perdió la vida al ser atrapado bajo la pesada bestia que se desplomo por causa de sus heridas.
No era el rey a quien Eleazar matar sino a uno de sus más altos generales. Sin embargo la acción de Eleazar inspiró a sus hermanos para seguir la lucha con decisión. Pero se encontraban en gran desventaja numérica y hubo un momento en que corrieron grave peligro.
De pronto apareció un mensajero trayéndole al rey noticias de una sublevación en su propio país: Su hijo intentaba derrocarlo. Antioco Eupator decidió abandonar la batalla y hacer las pases con Yehuda. Así fue que se salvo la tierra de Israel en el instante mismo que todo parecía perdido.
Yehuda libro y gano muchas batallas pero en una de ellas murió. Todo Israel lloro la muerte de su héroe. Mas tarde eligieron a Jonathan para que los dirigiera.
Por suerte para los judíos, había nuevamente disturbios en Siria. Demetrio el monarca reinante se encontraba en pugna con su rival Alejandro, Demetrio no sentía mayor estima por Jonathan y le temía, pero temía aun más a Alejandro. De modo que decidió atraer a Jonathan a su bando. Así envió mensajeros para invitar a Jonathan a olvidarse de sus viejos agravios y brindarle amistad.
Alejandro no tardo en imitarlo. Envió el también una corona de oro y regios ropajes para Ionatan, con un mensaje de amistad en el que expresaba su complacencia al verlo consagrado como sumo sacerdote y rey de los judíos.
Ionatan tomo el partido de Alejandro pues sabia que Demetrio era traicionero y poco digno de confianza.
En la primer batalla que libraron, Demetrio perdió la vida y Alejando y triunfó Alejandro. Este celebro la victoria en la ciudad de Acco e invito al rey Tolomeo de Egipto y a Ionatan a tomar parte de los festejos de la victoria. A Ionatan le hizo rendir honores reales.
Uno de los hombres que gozaba de la confianza del rey de Siria era Trifon. Este hombre no era tan dedicado como aparentaba y había proyectado asesinar al rey para suplantarlo en el trono.
Como sabia que Ionatan no dejaría sin vengar tal traición. Trifon resolvió deshacerse de el.
Para eso organizo una fiesta a la que invito a Ionatan. Este no sospechaba que se la había tendido una trampa y asistió a la fiesta. En un momento en el que quedo sin escolta Trifon ordeno que lo tomaran prisionero.
Solo quedaba con vida uno de los valientes hijos de Matatias.
Yehuda, Eleazar, Iojanan y Ionatan habían sacrificado sus vidas por su pueblo, le tocaba el turno de asumir el mando a Simón, todo el pueblo de Israel le imploro que aceptara ser su jefe y sumo sacerdote, prometieron obedecerlo como lo habían hecho con sus hermanos.
La tierra de Israel continuaba rodeada de enemigos, y Simón tuvo que librar muchas batallas antes de lograr la paz con lo interno y los externos.
En el tercer aniversario de la ascensión al mando sé Simón, todos los dignatarios y nobles de Israel se reunieron en Jerusalem para rendirle honores al bien amado y Sumo Sacerdote. Todos juntos agradecieron a Di-s por haberlos librado de sus enemigos y en medio de ovaciones y jubilo, proclamaron a Simeón Gran Sacerdote y Príncipe de Israel. Todo el pueblo juró lealtad a su nuevo jefe y su familia. Las valientes acciones de Matatias fueron grabadas en placas de bronce, y se fijaron en las columnas que sostenían el Santo Templo. Replica de estas placas fueron obsequiadas a Simeón como prueba de eterno amor y gratitud.
“Volvieron los judíos a vivir felices en su propia tierra, con derecho a venerar a Di-s, en paz y seguridad, y todos los años el vigésimo quinto día de Kislev, celebran la fiesta de Januca, encendiendo las luces de Januka y relatando a sus hijos los maravillosos milagros de Di-s”

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