El hombre es como una escalera

“Y he aquí que había una escalera afirmada sobre la tierra y su cabezal llegaba hasta los cielos y he aquí que los enviados de D-os ascendían y descendían por ella”(28:12)
El hombre es como una escalera – aunque sus pies están necesariamente “fijos en el suelo” – en el mundo físico, y él está obligado a involucrarse en la existencia material, de todas maneras si todo lo que hace es en nombre de los Cielos, “su cabeza llega hasta los cielos”.

Las acciones de la persona en este mundo tienen influencia directa en la manera que el reino espiritual influencia en la creación, y esto inclina la balanza para el lado positivo o negativo. “Los enviados ascienden y descienden por ella”. Aún los ángeles (enviados) dependen de la escalera que el hombre crea con sus acciones en este mundo. El hombre es la fuerza dominante y el centro de toda la creación – tiene inclusive el poder de bajar o elevar a los ángeles.
Maianá shel Torá

 

“Pero Labán tenía dos hijas, el nombre de la mayor era Leá y el nombre de la menor era Rajel. Y los ojos de Leá eran débiles…”(29:16-17)
Cuando todas las puertas de los Cielos están cerradas, la puerta de las lágrimas está siempre abierta. Nuestros Sabios nos enseñan que los ojos de Leá eran débiles por el llanto constante al pensar que, siendo la hija mayor de Labán, tenía que casarse con el hijo mayor de Itzjak, el malvado Esav. Pero, a pesar del amor que sentía Iaacob por Rajel y el haber trabajado por ella siete años, y a pesar de todas las precauciones que tomó Iaacob para que Labán no lo engañe y lo case con Leá en lugar de Rajel, fue el rezo lloroso de Leá por asistencia Divina, que tuvo éxito no sólo en revertir el decreto de que debía casarse con Esav, sino que incluso ella tenía que ser la primera mujer de Iaacob.

 

“Trabajó Iaacob por Rajel siete años, más fueron en sus ojos como pocos días por su amor a ella”(29:20)
Un hombre entra a un restaurant y le pregunta al camarero “Cuál es el mejor plato del día?” Cuando el camarero le responde “El pescado es excelente!!”, el hombre sonríe y dice “Grandioso!! Yo amo el pescado!!” Realmente, todo lo que este hombre está diciendo es que él se ama a sí mismo, porque si realmente él amaría el pescado, estaría entrando y saliendo del restaurant con una pancarta que diga “ESTE RESTAURANT MATA A LOS PECES!!”
Cuando la Torá dice que Iaacob amaba a Rajel, estamos hablando de un amor elevado a un plano sublime, inimaginablemente más allá del egoísmo natural de este mundo. Por esta razón los siete años que Iaacob trabajó por Rajel “fueron en sus ojos como pocos días por su amor a ella”. Compara esto al héroe de la “Verdadera Vida de Romance” declarando a su ‘amada’: “Querida, cada minuto que pasa desde que te ví la última vez me parece una eternidad! Los minutos son como años, las horas como siglos…”
Qué diferentes son los sentimientos del enamoramiento de auto-satisfacción de la novela al eterno amor de Iaacob por Rajel!!
Un amor egoísta expande el tiempo, pero un amor real lo comprime…
Adaptado de Rab Eliyá Lopián

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