Haftara Vayera

Melajim II 4:1-37

Así como la nación de Israel empezó a existir a través del milagroso nacimiento de Yitzjak de una madre anciana, así D-os asegura nuestra continuidad con innumerables milagros a lo largo de la historia.

La haftará de esta semana narra algunos de los milagros que realizó el profeta Elishá. En una instancia, la viuda del profeta Ovadia es salvada de un acreedor implacable, cuando su último jarro de aceite es bendecido en forma maravillosa. Con esa pequeña botellita ella logra llenar todas las vasijas que hay en la casa con aceite, y así logra obtener dinero más que suficiente para pagar sus deudas.

En otra instancia, Elisha les promete a sus ancianos anfitriones un niño, que ha de nacer dentro de ese mismo año. El niño nace y crece, pero un día se enferma, sufre un colapso y cae muerto. La madre va a ver a Elisha; Elisha retorna junto a ella y resucita al niño.

 

“Y colocó su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos… y el cuerpo del niño cobró calor” (Melajim II 4:34)

Del mismo modo en que el niño fue resucitado a través del contacto con el profeta, el pueblo de Israel recobra vida cuando vive y respira la Palabra de D-os tal como nos la transmiten nuestros maestros. Lo único que tenemos que hacer es acercarnos, y entonces sentiremos que cobramos vida, gracias a la calidez de la Torá.

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