¿Cuando fue la ultima vez que viste a D-os? (Parasha Vayera)

“Y El se le apareció… Hashem” (18:1)

Había una vez un hombre que había empezado a perder la vista. Al principio no se dio cuenta. Pero luego tomó conciencia de que no podía leer los postes de tránsito de la ruta sin entrecerrar los ojos. Prefirió ignorar la situación durante un tiempo. Un día se sorprendió a sí mismo bajando la ventana del auto para fijarse en el nombre de una calle que estaba a apenas un par de metros de distancia. Entonces decidió que era momento de hacerle una visita al óptico.

Tras aproximadamente un cuarto de hora sentado en la silla de la óptica, en el que sintió como si estuviera actuando en una nueva versión de El Hombre y la Máscara de Hierro, el óptico pronunció con suma gravedad: “Ud. necesita anteojos”. “Excelente”, pensó para sí mismo. “Qué fenomenal la tecnología de hoy en día…”. El óptico le escribió la receta y un par de días más tarde fue a buscar su nuevo par de anteojos.

Se los puso. El fondo le pareció más borroso que antes, pero de cerca veía espléndidamente. Es como si alguien le hubiera vuelto a abrir un mundo que había desaparecido. Al manejar el auto se maravilló ante la claridad con la que era capaz de avistar los nombres de las calles.

Algunas semanas más tarde, lo llamó el óptico. Le preguntó cuándo iba a ir a buscar el estuche de limpieza que viene de regalo. “¿Qué? ¿Los anteojos hay que limpiarlos?”, preguntó.

Subió al auto y fue al centro, y pasó a buscar el estuche de limpieza. Colocó un poquito de la solución en los anteojos y suavemente los frotó con la franela. Esta quedó negra. El óptico nunca en su vida había visto un par de anteojos tan pero tan sucios.

El hombre se volvió a poner los anteojos y quedó estupefacto, no tanto por la claridad con la que había vuelto a ver, sino por el hecho de que casi no se había dado cuenta de lo borroso que había visto antes. ¿Era posible que hubiese estado caminando mirando el mundo a través de tanta suciedad y no se hubiese dado cuenta?

“Y El se le apareció (a Abraham)… Hashem”.

La primera oración de la parashá de esta semana parece estar dada vuelta. ¿Por qué la Torá no dice “Y Hashem se le apareció”?

D-os no se mueve. No cambia. No “aparece” a un momento y “desaparece” al siguiente. Cuando decimos que D-os “aparece” en realidad estamos diciendo que nosotros nos acercamos a El. A nosotros nos parece que El apareció. Es como en las carreras de autos de los jueguitos electrónicos, en los que da la impresión de que el auto avanza, cuando en realidad el auto no se mueve, sino que se mueve el escenario.

Eso es lo que significa el versículo “Yo soy para mi amada y mi amada es para Mí”. En correspondencia a nuestro esfuerzo por acercanos a D-os, en ese mismo grado nos sensibilizamos para percibir Su grandeza. Sentimos una mayor reverencia por El. Eso es lo que se denomina en el lenguaje de los místicos “despertar desde abajo”.

A veces nos cuesta percibir a D-os en el mundo. Pero tal vez no sea porque El esté lejos. Tal vez sea porque nos acostumbramos a un estilo de vida de suciedad espiritual. Tal vez, si usáramos el “líquido de limpieza de D-os”, Su Sagrada Torá, un poco más seguido, nos sorprenderíamos de lo Divino que es este mundo.

Rambam, Moré Nevujim, Or HaJaim, Devash VeJalav en Iturei Torá

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